Desarrollo Social en los niños con retos neuroconductuales Por Baudilio Bracamonte

 

Según varias teorías sobre el desarrollo social, lo seres humanos, como seres netamente sociales y gregarios, desarrollamos estas habilidades desde muy pequeños.  Aproximadamente a los 5 años debemos tener las herramientas necesarias para iniciar un desarrollo social, creamos una conciencia de sí mismo y de otras personas, pero, ¿Qué pasa si estas habilidades no se desarrollan como lo esperado cuando somos pequeños? ¿Qué pasa si necesitamos ayuda para desarrollar esta parte social? ¿Qué sucede si nuestras destrezas sociales son torpes y no logramos comprender a otro individuo?   Lamentablemente esto es el diario vivir de varias personas con las que sin saberlo, convivimos de manera cercana.

Se consideran tres factores primordiales, entre otros varios, que intervienen en el desarrollo social del niño: aprendizaje  social, normatividad ético-social y relaciones interpersonales (familia, escuela y grupo de iguales). El aprendizaje social es estudiado según  el  modelo conductista (Bandura/Walters,  Miller/Dollard), y en la atención a las normas se tiene en cuenta el esquema de desarrollo propuesto por Piaget (Valcárcel 1986). Tomando estas consideraciones previas podemos partir de la conclusión que nuestro desarrollo social depende de sobremanera del ambiente en donde nos desenvolvemos, y para ser parte de un desarrollo óptimo, nosotros como adultos que formamos parte del entorno del niño, debemos proveer un ambiente con las características idóneas para este desarrollo social.

Cuando hablamos de aprendizaje social no podemos dejar por un lado los postulados de Vygotsky con sus teorías del desarrollo social.   Podría decirse que la teoría es una “teoría socio-histórico-cultural del desarrollo de las funciones mentales superiores”; Vygotsky, de acuerdo con Bonin (1996), se empeñó en crear una nueva teoría que abarca una concepción del desarrollo cultural del ser humano por medio del uso de instrumentos (los instrumentos son medios externos utilizados por los individuos para interferir en la naturaleza, cambiándola y, consecuentemente, provocando cambios en los mismos individuos), especialmente el lenguaje, considerado como instrumento del pensamiento. La teoría del desarrollo social parte de la concepción de que todo organismo es activo, estableciendo una continua interacción entre las condiciones sociales, que son mutables, y la base biológica del comportamiento humano, lo que nos indica que este desarrollo social se encuentra en constante desarrollo y opta por nuevas maneras de adaptabilidad dentro de la psique humana.

La formación de la normativa ético-social se entiende como un proceso constante, aunque  los  precursores de  la  conciencia  y  de  las  normas morales pueden observarse en los años preescolares.  Los años de la  niñez representan  un  periodo  crítico  durante  el cual la  conciencia se desarrolla rápidamente, iniciándose con aprendizaje de la distinción de lo que está bien y lo que está mal.  Es  a partir  de los 5-6 años cuando el desarrollo de la conciencia, en la mayoría de los niños, se limita a conductas específicas y a guardar relación con el desarrollo de normas abstractas más generalizadas. Las situaciones familiares enseñan al niño las diferentes actividades determinadas por el descontento y los atractivos externos, definidas más por las sanciones internas, y comienza a comprender el respeto de prohibiciones puestas por los adultos, y también la realización de lo  que “se debe” hacer (Mussen, Conger, Kagan 1973). Todos  estos  autores que  han  estudiado  el  desarrollo  de la conciencia moral opinan que se trata de un proceso de adquisición y no de la  manifestación  de  una  conciencia  innata;  sin embargo,  los autores divergen en  cuanto al modo de explicar el fenómeno.

Las relaciones interpersonales por su parte, engloba tres aspectos, los cuales abarcan todo el mundo de relaciones que el niño tiene, a saber: familia, escuela y grupo de iguales. La vida familiar puede considerarse como un proceso interactivo en el que todos los miembros se influyen recíprocamente.   En tal sentido,  es  una forma  peculiar  de  interacción social,  que  se caracteriza por la intimidad, la profunda comunidad y la naturaleza tajante e incisiva de sus relaciones. La  escuela  desempeña  un  papel  importante  en  lo  referente  a ayudar al niño a reducir sus lazos de dependencia con su propio hogar.  Le  presenta  también a  un  nuevo  adulto,  al  que  debe obedecer, y cuya aceptación tiene que solicitar. Por otra parte es de esperar que la escuela contribuya al desarrollo de un  deseo de llegar a dominar destrezas intelectuales, a adquirir un sentimiento de orgullo por la calidad del trabajo, a perseguir la solución de problemas y a formular metas de largo alcance. Finalmente,  la escuela proporciona  al niño oportunidades crecientes para  establecer relaciones más amplias y más significativas con compañeros de su edad. El grupo de iguales constituye otro de los elementos que contribuyen al desarrollo social del niño, siendo la  edad escolar el momento en el que comienza a ejercerse esta influencia, proporcionándole la oportunidad para aprender a relacionarse con los niños de su edad y con otros, así como hacer frente a la hostilidad y a los dominantes.   También desempeña una función psico-terapéutica para  el  niño  al  ayudarle  a aliviar  sus  problemas sociales, así como a formarse un  concepto de sí mismo, al que llegará  fundamentalmente  a  través  de  las condiciones  de su aceptación o rechazo por  parte  de sus compañeros.

Tomando en consideración estos postulados, teorías e interpretaciones de las capacidades y destrezas sociales que desde niño presenta el hombre como tal, consideremos la posibilidad de un funcionamiento lento o torpe por parte de una persona con diferencias neuroconductuales, con pobres o escasas conexiones neuronales que completan un cuadro que a primera vista resulta caótico de apreciar y mucho más complejo de comprender.   Ante esta situación nos surge la interrogante ¿Cómo podemos ayudar?  Cualquier respuesta que obtengamos, estará acompañada de la frase “no será tarea fácil”, de hecho nunca lo será.    Una característica de estos cuadros cognitivos-conductuales, presenta también una postura rígida de pensamiento, ideas obsesivas en muchas ocasiones que caen en la línea del ritualismo de constructos del pensamiento y de soluciones de problemas, en otras palabras, escasas herramientas para resolver problemas de la vida cotidiana.

El  avance  de  la  ciencia  cognitiva  y  los  hallazgos  reveladores  desde  el nuevo campo de la neurociencia social han ayudado a comprender mejor el funcionamiento  del  cerebro, incluyendo  la  dinámica neurológica de  las  relaciones humanas,  la  plasticidad  del  cerebro  y  la  forma  en  que  se  activan  las neuronas,  como  las  denominadas  neuronas  espejo,  que  son  las responsables  del  mecanismo  de  mimetización; de  lo  que  sucede  en  el entorno en el proceso de aprendizaje. Estas neuronas espejo perciben la acción que otra persona está a punto de realizar e instantáneamente nos preparan para imitar ese movimiento. (Belloso 2010) Esta plasticidad del cerebro permite que cada experiencia sea adaptada por el sistema nervioso y que éste cambie o se adapte según las circunstancias. Así, la plasticidad cerebral permite la adaptación (modificación) a partir del aprendizaje, que se inicia desde antes del nacimiento del ser humano cuando el feto entra en un proceso comunicativo con la madre. Ahora bien, tomemos en consideración una pobre o nula conexión entre estas neuronas, aunado al pensamiento concreto e ideas lineales que parecen tener poca flexibilidad de respuestas.  Es en esos momentos y circunstancias en las que es necesario contar con un cúmulo de estrategias de relaciones sociales que en ocasiones pueden parecer extrañas o raras la primera vez que se escuchan.    Por ejemplo la frase “necesitamos un plan para esto” comienza a ser una frase muy común, y es en estos momentos que un equipo de confianza que muestre compromiso y profesionalismo para tan curiosas y complejas circunstancias de trabajo es un gran apoyo para afrontar estas nuevas facetas en el desarrollo de destrezas sociales. Cualquier individuo con un diagnóstico que presente diferencias neuroconductuales pertenece a un grupo heterogéneo. Aunque hay una variabilidad enorme en cuanto a la presentación de síntomas específicos, las personas afectadas comparten varios aspectos comunes. Estos incluyen una cognición social deficiente, el deterioro de la comunicación recíproca tanto verbal como no verbal, y una capacidad limitada para cambiar el foco de atención y de interés. Desde una perspectiva neurológica y sin ahondar en otra sintomatología que podamos diferenciar, la variación en las manifestaciones conductuales de los niños con diferencias neuroconductuales, probablemente se deben a este grado de afectación en las redes neuronales responsables de las conductas que definen y se presentan en el dicho diagnostico. La característica central que define este diagnóstico y otros trastornos asociados, es una alteración de la interacción social, el cual no es absoluto y nos muestra únicamente conductas sociales distintas a las que usualmente observamos en niños de edades similares. Como consecuencia de estas diferencias a veces tan notorias, es que debemos prepara y anticipar cualquier interacción social por mínima que esta pueda ser y repetir continuamente “el plan” a seguir para el éxito en el desarrollo de la misma.  Al hablar de repetición hablamos literalmente de “repetición”, es decir practicar muchas veces hasta que la acción o proceso sea realizado de forma independiente y nosotros como moduladores de estas conductas sociales consideremos que lo realiza de una manera que hemos observado con anterioridad y que pueda ser parte del grupo que interactúa.

Les comparto esta situación para ejemplificar este proceso; imaginemos una prueba corta de Estudios Sociales con alumnos entre 5to y 6to Grado de Primaria.   La pregunta está formulada en forma de un cuadro sinóptico, donde se deben completar los siguientes datos: departamento, cabecera, municipios importantes y lugares turísticos.  Un alumno se detiene en el último reglón, a punto de escribir el último dato que es un lugar turístico; ha completado la información del departamento de Guatemala, la cabecera es Guatemala, municipios importantes: Mixco, Villa Nueva; pero el lugar turístico no está del todo claro.  El alumno pide ayuda y aunque el ejercicio fue elaborado con anterioridad en clase se le brinda una explicación diferente: “es un lugar donde llegan muchos turistas y encuentras muchas personas”. La respuesta del alumno es: EL AEROPUERTO.   A primera vista pensaremos que fue una respuesta de un típico alumno que desafía al maestro y quiere jugarle una broma, que espera obtener la aceptación del grupo con este desafío. Pero lo que no está visible en esta situación es la descripción de los retos de este alumno, su pensamiento concreto le muestra esta salida al problema planteado. Analicemos la respuesta: en el aeropuerto efectivamente encontramos a muchas personas y claro, está inundado de turistas; entonces nuestro alumno ¿Considera esta respuesta como una broma? Por supuesto que NO, él siguió las instrucciones al pie de la letra, de hecho demasiado “al pie de la letra” y es acá donde debe entrar nuestra intervención. Este ejemplo es uno de varios que podríamos compartir y que día con día retan nuestros paradigmas académicos y ponen a prueba nuestra formación profesional. Estos retos pueden ser tomados como detalles sociales con poco significado pero representan grandes dificultades en el desarrollo de destrezas sociales de nuestros alumnos. Es por esta razón que constantemente estamos evaluando y reconsiderando nuevas opciones o bien retomando planes de conducta social pasados para obtener una relación social exitosa, con las acomodaciones y el respeto por sus diferencias únicas. Es debido a estas características tan diferentes como complejas de comprender que es necesario un trabajo en equipo que posea objetivos claros y metodologías concisas que orienten tanto a padres, docentes y alumnos al cumplimiento de los mismos.

El ejemplo antes descrito lo podemos apreciar día con día y con incontables variantes. Otra gran dificultad con la que nos topamos en el diario vivir se refleja en la pobre o casi nula capacidad de reconocer o identificar el lenguaje corporal. Como antes lo describimos, el pobre reconocimiento de las emociones propias y de sus propias posturas corporales, se aprecia de la misma manera en el reconocimiento de lo que el cuerpo de otra persona nos dice o intenta comunicar. Un juego grupal muy conocido y practicado por varios de nosotros resulta un reto muy difícil de superar, el juego de “Mímica”.   Como es de suponerse, este juego necesita en su mayoría, la destreza de la lectura del lenguaje corporal y la correcta descripción de las posturas y ademanes que la persona realiza para transmitir un mensaje con su cuerpo.  Aunque difícil de realizar, en ocasiones logramos entender el mensaje con mayor facilidad cuando la persona que ejemplifica es muy conocida por nosotros, pero cuando estamos frente a las dificultades de bajo entendimiento de lenguaje corporal, estas posibilidades se disminuyen a pesar de una posible familiaridad. Esta destreza debe ser ejercitada constantemente para lograr, a base de práctica, la identificación de estos mensajes que transmitimos con el cuerpo. Claro está que no es tarea fácil puesto que debemos ejemplificar y modelar constantemente los ejemplos de la vida diaria y comparar diferentes situaciones.   A esto debemos sumarle la rigidez de pensamiento que generaliza cualquier norma social que le digamos a esta persona, su manera poco flexible de pensar lo llevan a una respuesta única e irremisible ante varios ejemplos o situaciones. Con la práctica constante y la exposición a diferentes situaciones sociales logramos enseñarle la variedad de respuestas que surgen ante situaciones diferentes o situaciones que a los ojos de estas personas, son iguales puesto que están formadas con los mismos elementos. Por ejemplo si le damos una instrucción como: “Mira a tu alrededor, cuando alguien se ríe de una broma, tú también puedes reírte” el mensaje parecería algo sin mayor dificultad para llevar a cabo, sería una instrucción valedera y real que nos dice, observa, evalúa y emite una respuesta acorde a la situación; pero con una dificultad de evaluar una situación, con pensamiento poco flexible, nos encontramos con personas que se ríen cada vez que escuchan o ven a otra persona riéndose, sin entender completamente la razón de su risa, y pararán su risa abruptamente si la otra persona lo hace. Esto puede verse un poco extraño y probablemente difícil de comprender, pero es un ejemplo que se vive constantemente y necesita de ayuda externa para ser comprendido e internalizado.  Es por esto que con cierta periodicidad es necesario brindar espacios de reflexión y de aclaración de dudas para que estas situaciones sean comprendidas correctamente y en el futuro sean situaciones de éxito social cuando las realicen de manera independiente.

 

Lic. Baudilio Bracamonte

Docente/ Terapeuta

 

Bibliografía:

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Ana Luisa Castro